Hace algunos días quise escribir sobre las pérdidas, como se dan, que se pierde, pero desde mi propia queja, desde mi inconformidad ciega de sentirme sólo. Realmente estoy sólo, me estoy quedando sin referencias que me digan quien soy, para enfrentarme a lo que no sé -y voy sabiendo- que soy.
Perdí lo que desde años supe -no sabiendo- que perdería. Si, es doloroso, si, es irreparable. Aún hasta el último momento fui cruel, dando ese tiro de gracia, con lo que espero sea el último aliento de mi ser cruel, despiadado, sin sentido, siempre aislado, inmortal, porque verán protegido bajo las leyes divinas, hago lo que quiero sin consecuencias.
Tengo la resaca de sueño como cuando se va a un funeral. ¿Me entienden?, puede que si, lo más probable es que no, a veces ni yo mismo se lo que digo, justo eso es parte de mi soledad.
Verán, no es que me desagrade ser cruel, no, de hecho es algo de lo que más disfruto. Pero ahora veo las consecuencias de mis actos, de los crueles, veo precisamente la perdida ¿de qué? Pues de mi mejor amiga. Lo dije mal, de quien fue mi mejor amiga, porque bueno, siendo cruel, ¿acaso creen que yo he sido amigo de alguien? ¿Qué no mejor es sacar provecho? Esa precisamente es mi soledad.
Déjenme cambiarles la jugada, esa crueldad es la que me permitió hasta el día de hoy, vivir un poco. Digo que solo un poco porque esa no es vida -la es pero no la que yo quiero para mi-.
Inicio la posibilidad de volver a tenerte como amiga, ahora creo que podemos hablar y se que va más allá de simples palabras, no son sólo palabras. Sé que tu hablabas conmigo -ahora lo se mejor- y yo simplemente balbuceaba, esperando que por arte de magia…y de nuevo comienzo a no decir nada.
Lo siento, lo siento mucho, de verdad. No hay palabras que justifiquen mis actos, veras, se me han acabado. Me queda asumir mi crueldad.
…sólo que me hubiera gustado que al inicio de mi disculpa hubiera aparecido esa palabra y no dar ese último tiro en mi pensamiento.

