Cierro los ojos el silencio me atrapa, corre por mis venas, siento que fluye y se apodera de mi. Un calor recorre por un breve instante todo mi cuerpo, como el vino después de unos tragos. Me viene un recuerdo, uno de tantos que amontonados no tienen voz, son imágenes dispersas, muchas veces ni siquiera se si fueron ciertas. Uno de ellos es sobre un día con lluvia, es un día con la luz azul, los árboles me rodean y hay una casa que es grande. Soy un niño y juego en la resbaladilla que está mojada, a lo lejos está mi madre en la puerta, creo que es hora de partir.
De pronto me doy cuenta que puedo caminar en mi recuerdo, oler la lluvia, sentir el frío…y caigo en la cuenta, mis ojos nunca se cerraron, están abiertos y ahora lo que me rodea cobra luz y sentido. Pero me vuelvo a entregar a mis sueños diurnos, me dejo llevar para encontrarme con esos recuerdos sin voz, mudos, en espera. Siento como me habitan, viven en mi, por momentos juraría que son ellos y no yo, los que realmente están vivos.
Me embarga un sentimiento nostálgico, justo como ahora, no se de dónde viene el sentimiento, pero mis ojos se humedecen y vuelvo a soñar un poco. Extraño algo y no se que es, siento algo y no se que es…
Me gustan las lluvias…

