Inatrapable,
inconcebible,
siempre imposible.
Creación que se pierde en un parpadeo.
Inatrapable,
inconcebible,
siempre imposible.
Creación que se pierde en un parpadeo.
Como el humor al despertar, en la tarde y al dormir, así es la imágen de cualquiera. Uno un día uno otro día, un sentido y al otro sin sentido. La imposibilidad absoluta de saber-se- y la posibilidad de saber-se- en esa imposibilidad.
Un desierto de arena, arena hecha de seres que se escapan entre las manos, sin siquiera poder tocarlos en un apretón de manos al saludar. Elusivas miradas, semblantes que siempre cambian, como retratos y fotografías a través del tiempo. Desierto, desierto…
¿cómo no sentirme solo?
I.
Manos indefensas y desnudas en alto, voz silenciosa, acto de paz. Manos indefensas acercándose, lentemente, amenazadoramente ante el fuego metálico. ¿Quién detendrá tu poderosa mano desnuda? ¿quién callará tu poderoso silencio en alto?. ¿Quién se dejará contagiar?.
II.
La voz que se guarda en metáforas extremas cuando es necesario hablar y evocar lo real, es un arma inservible, cartuchos sin balas, balas sin pólvora. No es un silencio poderoso, es un silencio cobarde, huye ante la realidad, se jacta de su fantasía, huye y se esconde. ¿Quién podrá evocar la realidad? ¿quién alzará la voz para ….?
En la mitad de todo, entre las líneas enemigas, de lo real, de la fantasía.
En la mitad de todo, entre el amor y el odio, atrapado.
En la mitad de todo, entre el si y el no.
En medio.